
APOLINARIO SARAVIA
Blanca siempre fue una niña alegre a la que le fascinaba cantar en cada reunión familiar. Era la estrella. Ella agarraba el micrófono, ponía el karaoke y deleitaba a todos con su voz afinada y dulce. Esta niña desenvuelta, de sonrisa fácil, de humor agradable, se transformó de la noche a la mañana en un ser irascible, de malhumor, de insulto fácil y agresivo. Esa no era Blanca. Era otra persona. Algo había pasado, y los padres no le encontraban una explicación a eso. Después comenzó con fiebre y vómitos. Fue al Hospital de La Merced y de ahí derivada al Materno Infantil porque no le encontraban nada.