“El agua de la cisterna que abastece a La Merced se ve negra y con hongos”

El dueño de la finca donde se halla el "Pozo El Vallisto" pide “por favor” que Aguas del Norte se encargue del mantenimiento de las instalaciones, que presentan un profundo deterioro.
Hace 4 años SALTA

Alberto “Chueco” Berruezo, productor cerrillano y dueño de la finca donde se encuentra el “Pozo Nº1 El Vallisto”, que abastece una extensa zona rural de Cerrillos y parte del sector urbano de La Merced, expresó su preocupación por el notable estado de abandono en el que se encuentran las instalaciones a cargo de Aguas del Norte.

“El agua se ve negra y van creciendo hongos. Las puertas están rotas y el yuyaral invadió todo el predio. Me preocupa porque desde allí se abastece a muchas familias de Cerrillos y La Merced, y porque la gente cree que es mi responsabilidad y no tengo nada que ver. Del mantenimiento de la cisterna se encarga Aguas del Norte, yo solo tuve la buena voluntad de permitir que se perfore un pozo cuando había faltante de agua en la zona”, relató Berruezo.

La cisterna se encuentra en la finca San Pantaleón. A principios de los 90, frente al crecimiento urbano de La Merced y la escasez de agua en la zona, Berruezo cedió en calidad de préstamo a la Municipalidad un terreno de unos 600 m2 para que allí se perforara un pozo. Con el tiempo, éste fue transferido a la entonces Aguas de Salta y luego pasó a Aguas del Norte. Sin embargo, la falta de mantenimiento de las instalaciones por las empresas prestatarias del servicio fue constante.

“Alambrados rotos, puertas deterioradas, pastos altos y un sinnúmero de cuestiones hacen pensar al menos, que el agua no se encuentra en condiciones óptimas. Yo solo quise colaborar, no me puedo hacer responsable ni del mantenimiento, ni de un accidente que pudiera ocurrir allí, ya que hubo un tiempo que hasta los chicos iban a jugar a la cisterna porque los alambrados estaban rotos”, detalló el hombre de campo.

Para finalizar, Berruezo exclamó: “Si no lo van a cuidar, que se retiren. Al fin y al cabo nunca me pagaron un peso por el predio. Solo les di permiso de palabra para que solucionen un problema que afectaba a la zona. Ahora lo único que me trae es un dolor de cabeza. Pese a mis aspecto jovial, yo ya estoy jubilado y quiero vivir tranquilo, tomar un café con mis amigos frente a la plaza y no estar todo el tiempo preocupado por si pudiera pasar algo en la cisterna”.

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