“Me acerqué al mundo de la música desde un vínculo afectivo muy fuerte con mi padre”

Entrevista a Alexander Panizza, pianista canadiense.
Hace 4 años ESPECTACULO

El destacado pianista canadiense Alexander Panizza llegó a la provincia a fines de junio para presentarse en el teatro de la Fundación Salta como parte de la temporada 2022 del Mozarteum Argentino Filial Salta. Panizza es aclamado por la crítica y el público. Desarrolló su carrera entre América Latina, Norteamérica y Europa. Nacido en Toronto, realizó su formación musical en Canadá, Argentina, Francia, España e Inglaterra, finalizando con un posgrado en el Royal College of Music de Londres. En diálogo con El Tribuno, el destacado músico contó cómo fue su acercamiento a la música académica, la relación con sus interpretaciones y su relación con el público argentino y salteño.

¿Cómo fue su acercamiento a la música clásica? 
Mi padre era melómano, muy amante de la música, en particular el piano, y desde chico él me acercó a ese mundo. Yo no vivía con él, entonces cada vez que venía de visita en esos momentos siempre había algo vinculado a la música. De hecho, cuando cumplí siete años me regaló mi primer piano y él se sentó a tocar y a mí me parecía increíble cómo tocaba. Me quiso enseñar al principio, aunque no sabía tocar. Ese fue mi acercamiento, a través de mi padre, entonces siempre me acerqué al mundo de la música académica desde con un vínculo afectivo muy fuerte, con un componente afectivo muy fuerte.

¿Qué es lo que quiere expresar a través de sus interpretaciones? 
El primer momento con la interpretación es el contacto de uno con la obra y lo que la obra le comunica uno, le expresa y simboliza. El siguiente paso es ver cómo uno elabora eso y transmite algo. O sea, no se trata de que uno viva todas esas emociones, sino de tratar de comunicárselo al público. Entonces trato de no hacer una diferencia tan grande como se suele hacer, donde se dice que el compositor y la obra es una cosa y el intérprete tiene una participación neutra donde simplemente transmite la obra. Yo pienso que hay una especial alquimia que se genera entre la visión subjetiva del intérprete, abordando con honestidad creativa las intenciones, qué lee en la partitura y sale una síntesis que tiene una mirada combinada. Y eso es lo que hace interesante la interpretación porque si no sería una misma versión tocada infinitas veces. Y después priorizo el elemento comunicacional en el concierto, trato de tomar en cuenta que es un momento de comunión con el público y que lo que más importa es ese aspecto, la cuestión de la comunicación.

¿Cuál es el camino para llegar a ser un gran intérprete con una gran trayectoria? 
Son dos aspectos que no necesariamente necesitan lo mismo. La cuestión del intérprete se trata de la formación, del estudio, de la experiencia de vida. Uno expresa quién es cuando toca y entonces también se desarrolla humanamente y culturalmente eso para mí llega a las interpretaciones. En cuanto a la gran trayectoria, ahí hay componentes que no dependen de cómo uno toca y ahí también hay un enorme factor de suerte. De estar en el lugar justo y en el tiempo justo. Uno aspira a estar preparado para que cuando se den esos momentos puedan surgir cosas interesantes, pero en realidad la trayectoria y la carrera no están totalmente vinculadas a cómo uno toca, hay otras características, otras necesidades de personalidad muchas veces que son importantes a la hora de desarrollar, sobre todo una carrera mediática. Tener una presencia mediática requiere características que no necesariamente son las mismas que se requieren para tocar bien a Beethoven.

¿Qué piensa del público argentino y salteño? 
 He tenido la suerte de tocar mucho en Argentina, en Buenos Aires y en el interior, y tengo un vínculo muy fuerte con el público argentino. Yo me siento tan argentino como canadiense y en realidad mi identidad son las dos. Siento que tengo aspectos en mi personalidad y también en mi forma de tocar, he incorporado de las dos y siempre el reencuentro con el público de acá, que es siempre tan efusivo, tan caluroso, que comunica tan directamente lo que siente, a mí me resulta muy energizante, me gusta mucho. Muchas veces me conmueve también el afecto que uno percibe a través de los aplausos y no tengo más que agradecimiento con el público argentino.
Esta fue mi tercera visita a Salta, mi primera como solista en un recital, ya que estuve dos veces con la Sinfónica y es una ciudad maravillosa, hermosa.

También es docente y acaba a dar una masterclass para los músicos salteños, ¿qué es lo que más disfruta de ese aspecto? 
Me gusta muchísimo dar clases, me gusta mucho tratar de inspirar el amor hacia la música. Siempre trato de que en una masterclass sea limar un poco algunos preconceptos que los jóvenes a veces tienen en cuanto a lo que pueden hacer y lo que no, como para invitarlos a que no tengan miedo a experimentar, a contestar preguntas musicales con sus propias opiniones que después pueden ir cambiando, pero de no censurar ese contacto de uno mismo con la intuición. Trato de despertar eso. Hago mucho hincapié en eso, además, obviamente, de cuestiones logísticas a la hora de cómo se toca el instrumento, pero más que nada trato de inspirar a la costumbre de hacerse preguntas más que tratar de darles respuestas. Ese pensamiento me parece que tiene que estar desde el vamos, a través de toda la formación musical, y es lo que te sirve, porque si no, del otro lado uno tiene postura de alumno donde solo sigue instrucciones, solo hace lo que tiene que hacer, lo que le dicen y llega un momento de dar vuelta y empezar a se uno el que toma las decisiones si no tiene desarrollado eso, se vuelve difícil. Yo hasta al más principiante trato de que esté consciente de lo que está haciendo, de lo que suena, si es lo que quiere que suene.

Sus compositores favoritos...
Eso va cambiando según los momentos de la vida. Hay algunos compositores que siempre están presentes como Beethoven, como Chopin, como hasta cierto punto Ravel o Rajmáninov, pero según los momentos de la vida uno se acerca más a unos que a otros. Las vivencias y también las obras son interesantes porque las obras que uno toca van adquiriendo también como una capa de recuerdos y de vínculo afectivo. Yo el otro día toqué un concierto de Rajmáninov en Rosario, que lo había tocado hace casi 30 años y me movilizó un montón de cosas, desde gente que ya no está más. Entonces, esa obra es una de mis favoritas también por esta nueva capa que se va agregando a medida que la obra forma parte de la vida de uno.


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