
La postal de la protesta: caos de tránsito y chicos desesperados sin poder volver a sus casas

Nadie puede negar el derecho a pedir mejores condiciones de vida para miles de argentinos que desde hace años sufren la falta de oportunidades y de trabajo. 
Sin embargo, las “tradicionales marchas por el centro capitalino” no hacen más que agravar la situación de otras miles de familias que con mucho esfuerzo buscan ganarse el pan de cada día, y de cumplir con sus obligaciones diarias. 
Ayer, la interrupción del tránsito en las horas pico no hizo más que complicar la vida de los chicos que tuvieron que sufrir las consecuencia de los cambios de recorrido de los ómnibus, por el caos que provocaron las manifestaciones. La postal se configuró con padres preocupados que no pudieron llegar a horario a retirar a sus hijos de las instituciones educativas, chicos que quedaron desorientados al no poder tomar el colectivo en las paradas habituales para retornar a sus casas, gente que llegó tarde al trabajo o que tuvo que sufrir los embotellamientos y esperas interminables. 
Nada de esto ayuda a solucionar un justo reclamo, muy por el contrario, genera el repudio de amplios sectores de la sociedad que nada tienen que ver en la toma de decisiones. Este es un punto que deberían sopesar los organizadores de este tipo de marchas, quienes tienen la obligación de vislumbrar dónde, cuándo y a quienes expresar sus inquietudes sin necesidad de complicarle la vida aún más al común de los salteños.
En la protesta de ayer, las organizaciones convocantes llamaron a los gobiernos de la Provincia y la Nación a tomar medidas urgente para superar "la crítica situación de las familias trabajadoras ante el fuerte incremento de la pobreza y el ajuste en salud, educación y asistencia social".
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